La obra de paso: El descanso, Evaristo Valle, c. 1919

LA OBRA DE PASO
El descanso, c. 1919

EVARISTO VALLE
Óleo sobre lienzo, 101 x 92 cm
Colección particular

El lienzo podrá visitarse hasta el 30 de diciembre.

La obra representa a cuatro leñadores que han interrumpido su labor, como indican las dos hachas y los troncos y ramas cortados de la zona derecha del lienzo y la cesta con viandas entre ellos. En el ángulo opuesto, un perrillo de color blanco -habitual acompañante de las figuras masculinas en las obras del pintor- duerme enroscado. Uno de los hombres se despereza, en pie, mientras que otros dos tumbados sobre el suelo atienden a la lectura del cuarto. Éste viste chaleco y fajín, lo que le aporta una cierta distinción con respecto a sus compañeros. En segundo plano, una campesina continúa su trabajo con la azada en el campo de cultivo y un caballo mordisquea un matorral. Al fondo, un campo segado, salpicado de tucas de tallos de maíz o maizones, deja paso a lo que parece ser una lejanía costera que, junto con el bosquecillo de pinos, parece evidentemente inspirado en la zona de Villaverde de la Marina.

Fue en esta parroquia del concejo de Villaviciosa donde José María Rodríguez, adquirió una propiedad en 1916, tras ser elegido diputado por el distrito como candidato del Partido Reformista: un conjunto de fincas de pinares y pastos en el Llendón de Peña Rubia. José María estaba casado con María Rodríguez del Valle, sobrina del artista y fundadora del Museo Evaristo Valle. Bajo el nombre de Llendón de la Peña, Rodríguez transformó los terrenos en una hermosa propiedad de recreo y producción agrícola y ganadera. Como extensión estival de La Redonda, la propiedad en Somió del matrimonio Rodríguez, hoy Museo, el Llendón seguiría siendo un destino favorito para Valle tras la baja de José María como diputado en enero de 1918. Los pinares del Llendón irían desapareciendo progresivamente a lo largo del siglo XX.

En el trasfondo de El descanso late la cuestión obrera, pues lo que sostiene el lector bien pudiera ser una hoja volante o boletín sindical. Durante los primeros años de la centuria, estos impresos pasaban de mano en mano en los lugares donde se reunían los trabajadores, impulsando redes locales de afiliación de oficios tradicionales que cobraron gran importancia junto a las centrales sindicales y el Partido Socialista. Valle repetiría el motivo del lector, rodeado de un grupo de atentos milicianos, en En la trinchera (c. 1943, Museo de Bellas Artes de Asturias), también conocido como Propaganda en la mina. Esta escena fue a su vez repintada sobre otro motivo social, El leader (c. 1922), donde un corpulento obrero arengaba a sus compañeros subido sobre una tarima de madera en un entorno fabril. Si bien la mujer es una fuerza activa de trabajo en innumerables obras del pintor –en las faenas campesinas y carboneras, a la entrada y salida de las fábricas o en el entorno doméstico-, queda evidentemente excluida de la problemática política, pues el debate sobre el sufragio femenino no comenzaría a plantearse hasta avanzada la década de 1920, lo que una vez más nos habla del valor documental del arte de Evaristo.

Subyace también en el lienzo la teoría orteguiana de los dos paisajes, el asturiano como antítesis del castellano, publicada por primera vez en Revista de España en 1915. Frente a la ligereza del campo castellano bañado en luz, José Ortega y Gasset veía en el paisaje asturiano algo tangible. Con la multiplicación de elementos característicos del agro astur en estos escenarios, Valle pretendía recrear la imagen ideal orteguiana, según la cual “la región natural afirma su calidad real de una manera muy sencilla: metiéndosenos por los ojos. (…) sólo es región, sólo es unidad geográfica real aquella parte del planeta cuyos caracteres típicos pueden hallarse presentes en una sola visión.” Además, si en Castilla el campo era lugar de la dura faena, que se abandonaba cuando ésta había terminado, por el contrario en Asturias “el campo es aposento, lugar doméstico de estancia y de placer. La tierra es un regazo, donde el hombre trabaja y descansa, sueña y canta.” No en vano, Ortega había sido miembro de la Junta Nacional del Partido Reformista hasta 1914, y su pensamiento, y el de la llamada Generación del 14, se había impuesto en la voluntad de regeneración y europeización de la vida político-social española frente al sistema de la Restauración. Por su parte, Valle se había movido en círculos afines a Melquíades Álvarez, fundador del Partido, desde la primera década del siglo.

El descanso fue expuesto por vez primera en Madrid en junio de 1919, en el salón de la antigua Casa José Lacoste de fotografía, ubicada en la carrera de San Jerónimo. Una muestra que Ortega y Gasset visitó y donde la obra pudo ser vendida. En la Fundación Museo Evaristo Valle se conserva un estudio a lápiz del cuadro, en el que no se advierten cambios sustanciales en el diseño final del mismo, si bien el engrosamiento de la fina capa pictórica en diversas zonas de la obra puede revelar ligeros cambios de planteamiento durante la ejecución de la misma.

Gretel Piquer Viniegra
Gijón, octubre de 2017