La obra de paso: En la trinchera / Propaganda en la mina, c. 1943

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Conocido tradicionalmente como Propaganda en la mina, fue En la trinchera el título que el propio Evaristo Valle dio a este lienzo, fechándolo asimismo en 1943 en su correspondencia con el historiador -y primer estudioso de su vida y obra- Enrique Lafuente Ferrari. En este sentido, en la primavera de 1943 Valle escribía al arquitecto  Emilio Fernández-Peña, quien le había ofrecido la posibilidad de hacer una exposición en su sala madrileña Estilo, que deseaba no “tener que pensar más que en pintar y terminar los doce ó catorce cuadros, o alguno más, que tengo entre manos, de tamaño aproximado de 1.00 metro por 0.90, cada uno.”

Tras asegurarse de que Ignacio Zuloaga y José Gutiérrez Solana le habían precedido en Estilo, la exposición de Valle tuvo lugar en enero de 1944 con veinte obras -carnavaladas, paisajes y escenas asturianas- y entre ellas se exhibió por vez primera En la trinchera. No obstante, Evaristo debió de juzgar el asunto de este lienzo -que Lafuente Ferrari interpretó como “unos mineros en una trinchera, que podían ser o eran milicianos movilizados” en una “avanzada imaginaria de un puesto de guerra” – incómodo durante los años de posguerra, y más en el ambiente de galería y mueblería de lujo, sancionada por las élites socioculturales del nuevo régimen, que era Estilo: quizás por ello se expuso bajo el título de Forajidos. No en vano, fruto del más reciente estudio, puede afirmarse que En la trinchera fue anteriormente El leader (c. 1922), escena en la que un corpulento obrero -en cuya postura Francisco Carantoña vio los ademanes de Lenin en muchas de las fotografías de la Revolución de Octubre- arengaba a sus compañeros subido sobre una tarima de madera ante un fondo lejano de chimeneas de fábricas. Pese a la radical transformación del lienzo, Valle conservó detalles como la postura del personaje con camisa verde que se apoya sobre un bastón y la sombra de la empalizada tras las figuras en la zona derecha de la escena.

En La trinchera, todo el grupo de hombres queda situado en la mitad inferior de la composición, destacándose sobre el ocre de los muros ruinosos los colores rojos, azules, amarillos, verdes y pardos de las ropas de los guerrilleros. En segundo plano, la luz del sol filtrada por las nubes ilumina un prado que se prolonga hasta la lejanía montañosa, fundida en su último término con la neblina y el cielo. El miliciano de camisa roja que lee una hoja, quizás un parte de guerra o un ejemplar de un periódico, y la actitud de atención de sus compañeros recuerdan al grupo de leñadores de El descanso (c. 1919, colección particular), en el que tres jornaleros atienden a la lectura de un cuarto vestido con chaleco y fajín, lo que le aporta una cierta distinción con respecto a los demás. En el trasfondo del tema late la cuestión obrera, pues lo que sostiene el lector bien pudiera ser una hoja volante o boletín sindical. Durante los primeros años del siglo XX, estos impresos pasaban de mano en mano en los lugares donde se reunían los trabajadores, impulsando redes locales de afiliación de oficios tradicionales que cobraron gran importancia junto a las centrales sindicales y el Partido Socialista.

Durante mucho tiempo se creyó que En la trinchera había sido adquirido al pintor por el Consejo Interprovincial de Asturias y León en el transcurso de la Guerra Civil.  En abril de 1937, el diario socialista Avance publicaba que Evaristo, abandonado de una burguesía sólo interesada en salvarse a sí misma, pintaba desde hacía nueve meses en la soledad de su estudio, con frío, con hambre y sin luz, sumido en la miseria. Así pues, se había decidido que por medio de la Comisión de Bellas Artes y de la Consejería de Instrucción Pública se le adquiriría un cuadro, además de proporcionarle los medios necesarios para su subsistencia y trabajo.

Según Francisco Carantoña, un testigo de aquellos días afirmaba que Valle ofreció a los responsables culturales del Consejo Interprovincial un cuadro “digno de un Gobierno que al fin se preocupa por el arte”. Lafuente Ferrari escribió un relato mucho más pintoresco de este hecho, quizá fabulado por el propio Valle: un día se presentaron en su estudio varios integrantes del Comité de Cultura de Gijón, acompañados de ciertos personajes de nacionalidad rusa, con el consiguiente sobresalto del pintor. Deseaban adquirir un cuadro al artista, para regalárselo a un comité soviético que tenía asesores en la villa. Evaristo mostró sus pinturas, pero el dirigente ruso no se daba por satisfecho: no había nada característico de Asturias en aquellos cuadros y menos aún algo revolucionario. Valle, molesto, le espetó a uno de los miembros del comité “Oye, tú, ¡este lo que quiere son madreñes!”.

Evaristo afirmó que el cuadro fue enviado a Rusia, pero se sospechaba que pudo recuperarlo posteriormente, dando pábulo a la teoría de que fuese Propaganda en la mina. Sin embargo, la obra adquirida por el Consejo fue Faena de carbón (c. 1925, Santander, MAS | Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria) que, recobrada por el Servicio de Recuperación Artística, pasó al Museo de Bellas Artes de Santander. Advertido de ello en 1949, Valle atestiguaba: “Efectivamente es (…) un cuadro mío, que no sabía a donde había ido a parar. Ahora sé que está en el Museo de Santander. Menos mal.”

El alivio expresado por el artista puede ponerse directamente en relación con los momentos de temor vividos a cuenta de la depuración que siguió al fin de la guerra en Asturias, a partir de octubre de 1937. Valle decidió entonces escribir un pliego de descargo, donde el episodio de la visita del Frente Popular a su estudio volvió a cobrar protagonismo, marcado una vez más por la ambivalencia de la que hizo gala el pintor en esos años: “(…) una mañana llamaron a la puerta de nuestro piso. Eran cinco señores, desconocidos para mí, no los había visto nunca, lo juro por mi salvación; pero aunque yo no los conocía ellos me conocían a mí por mi nombre de pintor. (…) venían solo a ofrecerme un auxilio; porque como dijeron ellos no podía morirse así de hambre un asturiano ilustre (…). Añado que respetaron mi vida y todo lo que poseía en mi casa, cosa que me extrañó; (…) personas que en medio de tanta locura cayeron rendidas (…), dejando al otro lado de la puerta la ferocidad y la barbarie.”

Tras la muestra en Estilo, En la trinchera volvió al estudio de Evaristo y en él permanecería hasta su muerte en 1951. A finales de la década de 1950, Lafuente Ferrari incluyó el lienzo en el lote de veintinueve cuadros que, propiedad de los herederos del pintor, la Diputación Provincial de Oviedo mostró interés en adquirir como base para el futuro Museo Provincial de Bellas Artes. El acuerdo de compra se cerró definitivamente en 1961 y en 1979 En la trinchera pasaría al hoy Museo de Bellas Artes de Asturias, inaugurado al año siguiente.

Gretel Piquer Viniegra
Gijón, mayo de 2017

En la imagen: En la trinchera / Propaganda en la mina, c. 1943

Evaristo Valle

Óleo sobre lienzo, 78 x 97,5 cm

Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias

 

El leader, primer estado, c. 1922, óleo sobre lienzo, 85 x 100 cm y superposición digital de El leader y En la trinchera (Fundación Museo Evaristo Valle / © Pablo Basagoiti)

Colaboran:

Museo de Bellas de Artes de Asturias y Ayuntamiento de Gijón