La ventana: “Pere”. Javier Garcés

La ventana

PERE

Javier Garcés (Zaragoza, 1959)

Terracota policromada 34 x 44 x 38 cm

2016

Colección del artista

Hablando con Javier Garcés: La realidad como punto de partida.

 Por Olga Solá i Viñas. Centro de Investigación artística Espai Tónic. 2018

La idea de realismo da lugar a una interpretación sesgada, si lo que esperamos encontrar en la obra de Garcés es una imagen que nos calque la objetiva realidad, pues sus retratos nos acercan más bien a la subjetividad de la imagen enormemente impregnada de su particular punto de vista.

En referencia a su particular visión de la realidad, es sobre lo que estuvimos conversando el día que lo fuimos a visitar a su taller de la calle Amor Filial de la Bisbal d’Empordà, situado en una antigua carpintería que su amigo Pere le cede con generosidad. Seguro que Pere ha captado la profundidad del trabajo de Javier, y este desinteresado gesto suyo es su valiosa contribución a la obra del autor.

Garcés: – (…) los actores de cine, los que hacen una obra de teatro, esos personajes que se presentan, no deben ser “reales”, si no que deben ser creíbles, esa es la diferencia. Aunque cuando se traslada este hecho a la pintura, parece que desaparezca.

Oriol: – Es que la cultura visual que tenemos tiene mucho de imagen…

Pere: – Vaya, de todos modos poco podemos decir que lo de Garcés sea un retrato-retrato… no es así, porque un retrato es más como una foto, y un aceite o una acuarela de Javier, es diferente…

Alrededor de la antigua estufa de hierro fundido, en el antiguo taller de carpintería, Javier Garcés, Pere y los tres miembros de Espai Tónic, se sientan relajadamente para hablar y ultimar detalles de la próxima exposición.

Olga: – Con Carlets daba la sensación de que se plasmaba un sentimiento, algo un poco más allá que su representación directa. La imagen respiraba, independientemente de sus proporciones …

Garcés: – Es que es mi percepción de la realidad lo que intento plasmar. Cuando estoy delante de un modelo yo pienso: “- mira …, la nuca de Carlets” (dice con voz finita, para hacernos ver que está lejos) – “y aquí, hay la espalda…!”. (Prosigue con voz grave y voluminosa).

Para el observador cuidadoso, puede parecer desproporcionado, porque la espalda no es realmente así. Lo que pasa, es que desde mi punto de vista, la espalda es contundente y está en primera fila y el “cogote”… pues el cogote está allí detrás. Si lo quisiera proporcionar, desaparecería esa sensación de contundencia de la espalda. Y tratar de reproducir esta sensación, es lo que a mí me alimenta, y que el espectador cuando vea la pieza terminada, pueda percibir la misma sensación. Esto exactamente lo que busco.

Guillermo: – Parece como que haces escultura, porque tu, con el lápiz no dibujas sino que tallas y das forma.

Y es que nos es difícil clasificarlo en una disciplina, pues él mismo se declara “huérfano de tradición” por lo menos conscientemente, cuenta que nadie le ha dicho nunca cómo debe hacer las cosas, y que su trabajo es fruto más bien de una experimentación personal, en absoluta soledad.

Visualizando el sugestivo documental de Marc Morera, que mostramos al final del texto, a través del cual tuvimos conocimiento de Javier Garcés, entendemos algunas de sus razones.

Cuando volví de Londres, sabía perfectamente lo que no quería; no quería trabajar para un galerista, no quería producir por producir. Quería volver de alguna manera al principio de mi vocación, a hacerlo por placer, a ser capaz sobre todo de experimentar, de buscar.

Trabajando el hierro había llegado a la conclusión de que no podía representar la figura humana, es decir, que buscando la libertad de expresión, había perdido el más fundamental para mí. Tuve que admitir que si no podía reproducir la figura humana, había fracasado. Y es a partir de este hecho, que volví al barro y el barro me trajo a la Bisbal d’Empordà.

Y es aquí donde empieza a escoger personajes de su entorno para retratarlos. Gente que conoce, básicamente amigos suyos, gente con la que comparte muchas cosas, y tienen la generosidad de cederle su tiempo, sabiendo de su interés u obsesión, como él mismo declara, que le mueve a captar lo esencial.

Garcés detalla que en el trabajo al natural, la actitud del modelo no es pasiva, pues la energía que se genera alrededor del retrato y del retratista, los arrastra a ambos con una misma dinámica, con la misma sensación de tiempo.

Cuando a Javier le faltan las fuerzas, el modelo aporta las suyas. Y es en esta simbiosis que la sesión de trabajo con modelo va avanzando, y – dejo de ser presente para el modelo y ocurre el milagro: devengo privilegiado observador de un espectáculo nada habitual: la persona, abandonada a sus pensamientos, deja de estar pendiente de su aspecto, liberándose de buscar levantar expectativas … Aquí comienza el verdadero retrato.

 En este punto, el largo tiempo de realización de la pieza, es el aliado que lo hace posible. Es este aspecto de abandono, que quizá no se ve casi nunca, ni en la relación con uno mismo, lo que quiere plasmar.

A veces este abandono se confunde con una sensación como de tristeza, pero es más bien como el reflejo de una emoción primigenia, a la que sólo accedemos en momentos de trasiego, allí donde deja de importar cómo se nos puede ver. Y ante esta ausencia, ante este ceder, Javier dice rendirse y sentir reverencia, un ponerse absolutamente a disposición, y buscar convertirse en el ejecutante que lo pueda representar lo más cuidadosamente posible.

“Mi gran satisfacción es el viaje de poder hacerlo. Porque para mí todo esto es un viaje, aunque quizá cuesta entenderlo así, lo ha sido desde el primer momento.”

Javier es un trabajador insaciable, constante y muy perseverante, que ha ido probando diferentes técnicas artísticas para modelar esta realidad, su punto de vista.

Actualmente, una vez alcanzada la maestría en muchas de las expresiones artísticas, éstas han pasado a estar a su servicio. Ya no es esclavo de la técnica: escultura, cerámica, dibujo, pintura… la mayoría las domina con gran soltura y es entonces que dice sentirse libre para pasar de una a la otra, dependiendo de (lo que) la realidad del objeto / persona que tenga delante.