En los márgenes de la Edad de Plata. Realismo mágico en Asturias, 1920-1937

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Las vanguardias, los ismos, acabaron con las convenciones del espacio figurativo del cuadro y de los elementos que lo poblaban. La Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, que tantos creadores habían anhelado como una fuerza purificadora, arrasó el mundo y destrozó a quienes lo habitaban. Y el arte reaccionó retornando al orden.

En 1925, se publicó en Alemania Realismo mágico. Post expresionismo. Problemas de la pintura europea más reciente, donde el historiador y crítico de arte Franz Roh analizaba el giro que, hacia 1920, había detectado en la trayectoria de muchos artistas europeos: la aparición de un nuevo realismo, mesurado, idealista, de temática contemporánea, que rehabilitó los objetos y los géneros tradicionales de la pintura -el retrato, la naturaleza muerta, el paisaje, el desnudo…-: “una manera nueva, hondamente terrenal, como una devoción de lo mundano. En lugar de la madre de Dios, la pureza de una pastora en el campo. En lugar de los remotos horrores del infierno, los inextinguibles horrores de nuestra propia época.” Ese mismo año, Gustav Friedrich Hartlaub, colega y corresponsal de Roh, organizó la primera exposición dedicada a la “Nueva Objetividad” alemana. Ambos delimitaron así la pluralidad de manifestaciones de este arte nuevo, que oscilaban entre el clasicismo idílico derivado del mundo italiano y el verismo y la crítica social más descarnada.

La neutralidad española durante la Gran Guerra no impidió el profundo impacto económico y social en el interior de un país donde la vanguardia artística no había tenido ni tendría, en sentido estricto, una verdadera implantación. La grave crisis política y la huelga general revolucionaria del verano de 1917, que se prolongó en Asturias durante casi un mes, la epidemia de gripe entre 1918 y 1919, la guerra de Marruecos y el Desastre de Annual en 1921, y el progresivo debilitamiento de los diversos gobiernos hasta llegar al golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923 explicaban el deseo de recuperación de unos valores racionales en la plástica nacional y regional, como reacción a la irracionalidad devastadora de la realidad.

No en vano, la versión española del volumen de Roh respondió a un interés previo de los pintores por el texto original. En 1927, apareció la traducción, de la mano del periodista ovetense Fernando Vela, y bajo el sello de la prestigiosa Revista de Occidente, la editorial de José Ortega y Gasset. Vela y Ortega eran amigos de Evaristo Valle, quien ya a finales de 1919 había manifestado el deseo de alcanzar en sus obras una “totalidad de la visión” que se asimilaba totalmente a los presupuestos del paisaje post-expresionista.

El libro de Roh se convirtió en un texto esencial, no solo para todos los artistas de la época sino también para la nueva literatura, los integrantes de la Generación del 27, y a finales de la década de 1920 la idea de lo que representaba el “Realismo mágico”, no la “realidad simplista”, estaba perfectamente asumida por la crítica asturiana, que no dudaba en señalar como cultivadores pioneros del mismo a maestros como Valle, Nicanor Piñole o el veterano fotógrafo Arturo Truan, seguidos por toda una nueva generación de creadores que verían consagrados los lenguajes plásticos que cultivaban durante los años de la República.

Luis Bayón, Mariano Moré, Paulino Vicente, Joaquín Vaquero Palacios, José María San Julián, Germán Horacio, Alfredo Aguado, Emilio García Noriega, Faustino Goico-Aguire, Obdulia García, Andrés Vidau, Ana Pallares, Luis Pardo, Aurelio Suárez o Antón disfrutaron de la posibilidad de cursar estudios en Madrid, de forma libre o en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando -con Salvador Dalí, Alfonso Ponce de León y Maruja Mallo, tras su etapa avilesina-, y de estancias en Francia o Italia, con contactos con la Residencia de Estudiantes, Luis Buñuel y García Lorca, la nueva Escuela de París o el Novecento italiano.

De la Residencia de Estudiantes llegaron a Asturias José Moreno Villa en 1921 y, al año siguiente, el poeta Gerardo Diego, como bibliotecario y catedrático del Instituto de Jovellanos de Gijón respectivamente. El ámbito cultural de la región se animó también con epígonos de Ortega y Gasset  y Franz Roh, como el novelista José Díaz Fernández, autor de El nuevo romanticismo, otro de los textos programáticos fundamentales de la época. Asimismo, con miembros de la Sociedad de Artistas Ibéricos, cuya primera exposición en Madrid en 1925 supuso la confirmación oficial del cultivo del “retorno al orden” en España: Cristóbal Ruiz, Timoteo Pérez Rubio, Roberto Fernández Balbuena. O con autores de vuelta de todo, como José Gutiérrez Solana, que se había anticipado dos décadas al triunfo de la corriente del Realismo mágico en Europa.

En sus lienzos, dibujos, esculturas, grabados y fotografías se rastrean, en todo o en parte, las características teorizadas por Roh: la exactitud objetiva, la firmeza del dibujo de contorno, el modelado sólido, la recuperación del volumen, el gusto por el detalle, la representación fidedigna, casi metálica, de la materialidad de los objetos y superficies, lo “tangible”. El extrañamiento y la suspensión del tiempo narrativo, las densas atmósferas de ensoñación, inquietantes. La inmovilidad, la calma, el estatismo. Lo luminoso, lo extraño y  lo mágico, pero también el énfasis en lo ingenuo y el interés en lo cotidiano.

La aparición del disfraz, es decir, el circo o la commedia dell’arte, como expresión de la artificialidad de la vida. Muñecos articulados, maniquíes, marionetas, caretas, autómatas… que ponen de manifiesto el carácter objetual del ser humano, sus dificultades a la hora de descifrar la realidad que devuelven los espejos, la incertidumbre frente a la deshumanización de los tiempos y el vacío metafísico de los espacios. La denuncia social y la oscuridad.

La Guerra Civil puso fin a este “retorno al orden” regional que había logrado expresarse en sus más diversas manifestaciones estéticas: el interés por las fuentes del arte antiguo, el nuevo clasicismo, el purismo, el postcubismo, el post-expresionismo, el verismo, la nueva objetividad, la pintura metafísica y el surrealismo. La mayoría de los artistas interrumpieron sus trayectorias para concentrarse en un caos bélico que les arrasaría nuevamente. El reto fue producir obras que trascendiesen la simple propaganda, que combinasen la reflexión plástica más avanzada con la denuncia, como hicieron Piñole y Germán Horacio, en el canto del cisne del Realismo mágico en Asturias.

Gretel Piquer Viniegr

La exposición podrá visitarse entre el 25 de septiembre y el 15 de enero de 2023.