Evaristo Valle. Dibujos, acuarelas, pasteles y litografías.

Las excepcionales dotes de Evaristo Valle como dibujante y su renovación del género de la caricatura la dieron sus primeros éxitos como artista. Gracias a sus contactos con los nuevos estilos europeos en las litografías y las revistas satíricas del París de 1900, superó muy pronto los ejemplos decimonónicos con elegantes representaciones en las que apenas con un ágil trazo de contorno sintetizaba todos los rasgos fundamentales, tanto físicos como psicológicos, de un individuo, al estilo de Leonetto Cappiello.

Este rotundo silueteado de las figuras se aprecia también en las impresiones litográficas realizadas a partir de sus originales, que evidencian la influencia de autores como  Eugène Grasset o Alfons Mucha y, específicamente, de Toulouse-Lautrec, en el uso de colores puros aplicados en tintas planas, la articulación de las composiciones mediante diagonales y la disposición excéntrica de los personajes.

La saturación de las manchas de color que exigía el mundo del cartel publicitario encuentra su contrapunto en las exquisitas series de acuarelas y gouaches, en las que Valle podía combinar ambas técnicas e incluso óleo, con una hábil superposición de colores y pincelada suelta, y trazos de lápiz rápidos y nerviosos, que, en su conjunto, producen un efecto de vibración lumínica, recursos aprendidos del veterano dibujante español afincado en París Daniel Urrabieta Vierge.

Las iconografías escogidas por Valle en estas obras se complementan entre sí, como las femmes fatales y los adinerados burgueses con sombrero de copa y frac, directamente relacionadas con figuras del mundo del espectáculo en plena actuación, iluminadas desde abajo, como por las candilejas de un escenario, que Toulouse-Lautrec puso de moda en la última década del siglo XIX. Como la temática de la marginalidad y los mendigos, estos motivos raramente se encuentran entre los pintores españoles de la época, fuera del círculo vasco o catalán.

No obstante, la habilidad como ilustrador de Valle supuso también un lastre en su consideración como artista para buena parte de la crítica contemporánea, estableciéndose desde las primeras exposiciones del autor dos grupos claramente diferenciados en la valoración de su producción: entre quienes le consideraban simplemente un dibujante y caricaturista experto y los defensores de su valía como pintor. Tal vez por ello la producción dibujística de Valle se redujo considerablemente en los siguientes periodos de su carrera, limitándose la mayoría de las veces al campo de los estudios previos para cuadros.

Respecto a estos bocetos o dibujos preparatorios, en contraste con algunos de los escasos ejemplos de toma de apuntes al natural que datan en su mayor parte de la primera década del siglo XX, se expone una selección del tipo de diseños que Valle comenzó a realizar hacia finales del decenio de 1910, a la manera de esquemas completos de cuadros que revelan el modo en que el pintor concebía sus lienzos. Son dibujos ideados para plantear y resolver las composiciones de manera definitiva. Al enmarcarlos en cuadrados o rectángulos, como también hicieron Nicanor Piñole o Pablo Picasso, los dota de un carácter de obra terminada, que será llevada de forma prácticamente idéntica al lienzo.

Característicos de la última etapa creativa de Evaristo Valle son los apuntes a tinta, cuyos trazos garrapateados algo anárquicos recuerdan a su método para fijar la composición en los lienzos, anotando con un carboncillo leves líneas y pequeñas manchitas que posteriormente trabajaba, y también a las líneas negros de contorno que bordean amplios campos de color en sus obras finales.

Imágenes:

Personaje del frac, c. 1903. Lápiz y acuarela sobre papel. 225 x 182 mm. Fundación Museo Evaristo Valle

Noche de sábado, c. 1903. Lápiz y acuarela sobre papel, 165 x 158 mm. Fundación Museo Evaristo Valle