Piedra. Jonás Pérez / Eduardo Arroyo

La muestra Piedra, Jonás Pérez-Eduardo Arroyo pretende ser un sencillo pero sincero homenaje a una figura excepcional, singular y destacada dentro del panorama de las artes plásticas leonesas, Jonás Pérez (Valle de Mansilla 1932-Robles de Laciana 2017). La propuesta se plantea desde el diálogo e interrelación entre dos grandes creadores: Jonás Pérez con una representación de su obra escultórica y Eduardo Arroyo (Madrid 1937) con una breve aproximación a su escultura y obra gráfica.

Quizás pueda parecer un poco extraño e ilógica la incorporación de Eduardo Arroyo en una exposición que pretende exaltar, reconocer y homenajear al artista Jonás Pérez, pero existen varias razones muy importantes para plantearlo así. La primera y más significativa es que Eduardo Arroyo es el descubridor y mentor del quehacer artístico de Jonás Pérez. Arroyo conoce a Jonás, justo cuando decide volver y recuperar la casa familiar materna de Robles de Laciana como lugar de residencia y también de trabajo. Espacio impregnado de una intensa carga simbólica y emocional para Arroyo, puesto que gran parte de su infancia transcurrió en este maravilloso paraje. Aquí es donde se fragua la gran amistad entre Eduardo Arroyo y Jonás Pérez.

Dos personalidades totalmente diferentes e incluso contrapuestas. Eduardo Arroyo originario de la burguesía madrileña, con una gran formación intelectual, Jonás Pérez de procedencia rural humilde, y la vida como escuela. Arroyo, artista trotamundos de reconocido prestigio internacional, Jonás un pensador ensimismado en su mundo interior y espacio vital. Pero al mismo tiempo y de forma singular existen vínculos que les unen, el respeto mutuo y estima, el pulso cardinal del arte, o la tierra materna de Robles de Laciana. Incluso me atrevería a decir en sus específicas formulaciones plásticas podríamos encontrar sutiles y subyacentes relaciones. Así el sentido literario y narrativo característico de la obra de Eduardo Arroyo, se hace presente en la obra de Jonás Pérez por medio de la incorporación del mito y el símbolo. El tratamiento esquematico y simplificación formal de los volúmenes en la escultura de Jonás se podría vincular con la descripción mínima y lineal de la figura humana en Arroyo. Pero el punto de coincidencia fundamental, está sin duda, en el sentido que tiene en ambos autores el acto de crear.

Luis García Martínez

Contenido:
41 esculturas de Jonás Pérez
14 grabados y dos esculturas de Eduardo Arroyo

Comisario:
Luis García Martínez

Colaboran:
Diputación de León
Instituto Leonés de Cultura
Herederos de Jonás Pérez
Herederos de Eduardo Arroyo

Fechas:
Del 14 de julio al 29 de septiembre

Las piedras de Jonás Pérez

Por EDUARDO ARROYO 

Jonás Pérez prefirió el aire libre a las galerías en penumbra de las minas. Bien es verdad que nació el 9 de mayo de 1932 en Valle de Mansilla, un pueblo cercano a León que jamás conoció la industria del carbón. Jonás Pérez, vecino del Valle de Laciana, ha ejercido a lo largo de su vida diferentes oficios siempre a la luz del sol y siempre con voluntad, destreza, buen hacer. Cuando por la primera vez visité en Robles –mi pueblo– su taller en medio de huertos, hortalizas y frutales me di cuenta de que allí vivía y trabajaba un escultor. Y fue allá, por los inicios de los años 90, cuando empecé a seguir los trabajos en piedra de mi vecino. Y el caso es que poseo una magnífica pieza de esa época, una cabeza de arenisca con base caliza, una cabeza de hombre barbudo y aunque Jonás se empeña en decir que mi escultura es la primera que salió de sus manos yo no me lo creo y miro para otro lado. No me lo creo porque para mí Jonás es un escultor desde siempre. En mis visitas, al observar que el artista vive rodeado de rocas pequeñas y grandes, de piedras livianas y pesadas comprendí que se las había apropiado tras haberlas rescatado de la naturaleza. En esa elección, en esa búsqueda está la esencia del ser escultor. Sopesas, valoras, mides, observas y te llevas contigo, en el zurrón, una masa mineral trabajada por la naturaleza porque sabes que de esa substancia informal algún día saldrá una cabeza, una escultura, un objeto. Y es que el simple hecho de agacharte para luego levantar del suelo una caliza, una arenisca, un pórfido, una dolomía te convierte ipso facto en un hombre que hace escultura y te condena a seguir siéndolo. Claro está, con esto no quiero decir que ese simple gesto te convierta en un ser más feliz sino que sin tu consentimiento te vuelves en uno que mira las piedras. A veces mientras que con Lolo García Prieto trabajamos en una piedra pienso en Jonás y me doy cuenta de que en Robles de Laciana, en este pequeño pueblo de las montañas de León, se cogen piedras y no precisamente para tirarlas a la cabeza de los transeúntes.

Tampoco las tiraba a la cabeza de nadie Josepth-Ferdinand Cheval. El famoso cartero rural francés que repartía cartas andando por los pueblos ubicados entre Hauterives y Tersane, se convirtió en escultor y arquitecto al atravesar esta zona del departamento de la Drôme. A lo largo del día él también se agachaba para escoger rocas y fósiles de líneas curvas, los guardaba con sumo cuidado en un pañuelo y los colocaba en su cartera ya vacía de correspondencia y volvía a casa con su tesoro mineral. Cuando empezó la construcción de su Palais Ideal recorría unos cinco o seis kilómetros suplementarios después de su gira postal de treinta kilómetros diarios por unos incómodos caminos para recoger con una carretilla las piedras que había elegido y amontonado a lo largo de su ruta: trasladaba a su pueblo este material de mucho peso y daba forma a su sueño de noche a la luz de un candil. Contó que había dedicado a esta construcción 34 años de trabajo intenso.

Es obvio que para ser un arquitecto del valor del Facteur Cheval o para ser un escultor de la talla de Jonás Pérez no basta con recoger piedras y picarlas. El escultor Jonás tiene una visión poética del vivir, como la tuvo el Cartero. Para los artistas de abolengo y para Jonás es el propio trabajo el que anuncia el resultado de la obra aunque la manipulación de una masa inerte no se ciña exactamente a lo que el artista ha imaginado, porque en el quehacer la pieza se modifica y se construye.

La expresión de las figuras ensimismadas labradas por Jonás, nos resultan perplejas o sorprendidas y la intensa mirada de sus rostros se dirige directamente hacia La Muezca, la montaña que casi tocamos y que hace frente a nuestro pueblo de Robles. Me es grato pensar que sus esculturas y las mías, a pocos metros de distancia, miran hacia la montaña y disfruto imaginando que si bajan los ojos se topan con el Sil que discurre a nuestros pies.

Ahora, con esta exposición podremos descubrir el mundo original y particular de Jonás Pérez: figuras de mujeres y de hombres, efigies de santos y de personas de a pie, y en medio de mujeres orgullosas y hombres sabios, una cabeza de Salvador Dalí con sus bigotes inhiestos. La acumulación de personajes barbudos junto con la presencia de alguna que otra mujer en topless no dejarán de sorprendernos y de encantarnos. Al ver reunido ese mundo raro, primitivo, enterrado, rescatado gracias a Jonás Pérez nos enteraremos de que, como un mago de la poesía, el artista nos lo devela y nos lo regala.

(Ver nota de prensa de la exposición…)