D. 31/5/2026 // Inauguración [espacios] liminales. Aurelio / Armando / Rosario / Navascués

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27May
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[espacios] liminales

Aurelio · Armando · Rosario · Navascués

Inauguración: domingo 31 de marzo de 2026, 13.00 horas

Bajo el título “[espacios] liminales”, esta exposición presenta una selección de obras de cuatro autores -Aurelio Suárez (1910-2003), Armando Suárez (1928-2002), Rosario Areces (1929-2022) y José María Navascués (1934-1979)-, concibiendo cada una de ellas como una invitación a transitar sus universos creativos y personales. En este sentido, hacia 1969 el crítico de arte Anatole Jakovsky (1909-1983) reflexionaba sobre el carácter de umbral de la obra naïf de Rosario, quien había triunfado con su primera exposición en París en noviembre DE 1965: “En estos tiempos a la vez sórdidos y maravillosos, en que el hombre anda alegremente sobre la luna, tratando de olvidar su enajenación interior de aquí abajo, a la que se añade una contaminación exterior […] no hay verdaderamente mejor remedio que estos cuadros […] para ayudaros a pasar al otro lado del espejo.”

El lapso que medió entre el reconocimiento de Rosario y la muerte de José María Navascués en 1979, fue un periodo de obvia transición política en el caso español y también un tiempo liminar socioeconómico a nivel mundial, que puso fin al estado del bienestar y al desarrollismo y dio paso al neoliberalismo. Años de triunfo de lo conceptual y de progreso científico y técnico. Si bien Aurelio Suárez había abandonado la escena expositiva en 1961, fue en el circuito artístico del Gijón de la época donde Aurelio, Armando, Rosario y Navascués vieron coincidir sus experiencias vitales y sus espacios plásticos, en tertulias como las de la galería Altamira, fundada por Eduardo Suárez (1923-2000), hermano de Armando, en 1958 en la calle de La Merced, y la de “El Sotanín”, abierto por José Ramón Ibaseta (1924-1996) en la calle Enrique Cangas, hoy Begoña, entre 1964 y 1972. Concurrían naturalmente a otras salas, como Atalaya (Gijón, 1961-1981), Benedet (Oviedo, 1964-1999) y Tassili (Oviedo, 1970-1982), en la misma órbita que Orlando Pelayo (1920-1990), Antonio Suárez (1923-2013), Mercedes Gómez-Morán (1929-2022) o Eduardo Úrculo (1938-2003).

El término “liminaridad” había sido acuñado por el etnógrafo Arnold van Gennep (1873-1957) en 1909, en su estudio sobre los ritos de paso que marcan las transiciones más importantes de la vida humana, como el nacimiento, el matrimonio o la muerte. Cada uno de estos ritos se descompone en un periodo de separación de un estado anterior, un periodo de margen o liminar y un periodo de agregación a un nuevo estado. En 1964, el antropólogo Victor Turner (1920-1983) analizó las propiedades del periodo liminar como una situación de transición ajena a la estructura social, caracterizada por la ambigüedad y la paradoja, pues durante ella encontramos muy pocos atributos de nuestro pasado o nuestro futuro, y el conocimiento obtenido durante este periodo cambia nuestra naturaleza interior.

Desde finales de la década de 2010, las imágenes que representan espacios liminales -préstamo del inglés liminal-se han vuelto virales en sitios web de Internet y redes sociales, como objetos de una estética dominada por la emoción de la kenopsia: neologismo contemporáneo que define la sensación inquietante que provoca el vacío humano en un lugar habitualmente lleno de gente. Lugares cotidianos o no-lugares de transición, en los espacios liminales la realidad se altera y las reglas de esa cotidianeidad no se aplican. Como el periodo liminar, el espacio liminal abre la puerta a la especulación, a lo ominoso freudiano: la inquietante extrañeza de que lo que tenemos delante puede ser un umbral entre dos mundos, pero en última instancia también podría diluirse en el marco de lo familiar.

Hermanados ambos en muchas ocasiones en el vaciamiento de presencia humana de sus escenas, la búsqueda de la transcendencia de la realidad material y de un sentimiento de serenidad por parte de Armando en sus cuadros, y la sensación de extrañamiento y suspensión del espacio tiempo de las obras de Aurelio, apelan directamente a esos espacios liminales. Es la misma irrealidad que Navascués confería a los objetos al descontextualizaros, al vaciar los cuerpos o encubrirlos, sugiriendo crisálidas en transformación. Si los lienzos de Rosario pueden entenderse según Jakovsky como un paso hacia “el sol, la alegría, la pureza, el frescor”, la permanente convivencia de Navascués con lo temible había llevado “sus obras y sus actos”, en palabras de Antonio Gamoneda (n. 1931), “a una significación límite en la que se confundían la desesperación y la esperanza.”

En estos nuevos tiempos a la vez sórdidos y maravillosos, espacios liminales en lo político, social y económico, que transitamos como neófitos sumidos en el desasosiego de un futuro incierto, la vigencia de estas cuatro propuestas es absoluta y el refugio de su belleza, pese a todo, esperanzador.

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La exposición “[espacios] liminales: Aurelio · Armando · Rosario · Navascués” está comisariada por Gretel Piquer Viniegra, doctora en Historia del Arte y conservadora del Museo, reúne treinta y ocho obras procedentes del Museo de Bellas Artes de Asturias, Museo Casa Natal de Jovellanos y colecciones particulares, y cuenta con la colaboración de la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón y el Principado de Asturias. Podrá visitarse hasta el 27 de septiembre de 2026.

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