Una Carnavalada de Evaristo Valle, en paradero desconocido, reaparece en Bristol, Reino Unido

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24Feb
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Conocida la especial predilección de Evaristo Valle por los festejos del Carnaval gijonés, que en no pocas ocasiones disfrutó oculto bajo una sábana blanca, “para vivirlo más que para verlo”, y su constante cultivo de esta temática a lo largo de toda su trayectoria, queremos aprovechar el inicio del Antroxu para anunciar la aparición de una mascarada del artista, Carnavalada en Cimadevilla, que ha permanecido en paradero desconocido durante casi cien años.

En septiembre de 2021 y procedente de una rica colección familiar, la obra salió a la venta en una casa de subastas de la ciudad inglesa de Bristol. En 2020, una fotografía del estado original de la obra, copia de época procedente del archivo personal del propio artista, formo parte de la exposición “Valle, revelado”, como parte de una sección documental donde se mostraban al visitante cuadros bajo el epígrafe de “Se busca”.

Carnavalada en Cimadevilla se encuentra actualmente en una colección privada en el Reino Unido, desde donde amablemente se comunicó su adquisición al Museo y se pudo comprobar que, efectivamente, el lienzo presenta repintes que se corresponden sin duda con los cambios que pueden observarse entre los dos estados de la obra.

Anónimo, fotografía de Carnavalada en Cimadevilla de Evaristo Valle, primer estado c. 1920. Copia de época. Archivo Fundación Museo Evaristo Valle.

Esta ha sido la primera vez que una obra de Evaristo Valle se vende en el mercado internacional y su aparición en Bristol se explica por la actividad expositiva del pintor en la década de 1920.

Valle emprendió su primer viaje a Londres a finales del invierno de 1923, según sus propias palabras “a la aventura, con el cajón de cuadros” y con la certeza de que sería un paso que le ayudaría a desembarcar posteriormente en Nueva York, como así haría en 1927. Gracias al corresponsal Tulio Bonafoux, hijo del ya fallecido periodista Luis Bonafoux, quien había sido su principal valedor en los años que Valle residió en París a comienzos del siglo XX, el pintor fue presentado a Paul George Konody, influyente crítico de arte en The Observer y Daily Mail, quien se entusiasmó con su obra y se ofreció a buscar una sala donde exhibirla. Sin embargo, todo estaba ocupado y fue necesario esperar un año para encontrar un local adecuado.

Entre mayo y octubre de 1924, Valle hizo varios viajes a Londres para preparar el terreno y, finalmente, inauguró su exposición el 19 de noviembre en las Dorien Leigh Galleries, en el número 7 de Cromwell Place, South Kensington, propiedad del afamado fotógrafo Emil Otto Hoppé, quien retrató al pintor. La muestra estuvo abierta hasta el 3 de diciembre, con veinte obras: seis carnavaladas, tres paisajes y escenas mineras y campesinas. Algunos eran lienzos de factura reciente, otros tenían ya algunos años y, como en el caso de la Carnavalada en Cimadevilla que nos ocupa, posiblemente habían sido ya repintados.

El interés y las excelentes críticas que recibió la pintura de Valle en Inglaterra se debieron sin duda a su carácter documental y originalidad, en comparación con la pintura española que había podido verse unos años antes en Londres, en la Exposición de Arte Español celebrada en la Royal Academy of Arts, entre 1920 y 1921, y, sobre todo, a los lugares comunes de una España para turistas que seguía cultivando Zuloaga. Para el público y la crítica artística inglesa, los paisajes asturianos eran reconocibles por su semejanza con Bretaña, Cornualles y el oeste de Irlanda, y en las escenas se percibían la austeridad de Zurbarán, la perspectiva atmosférica velazqueña, la fantasía de Goya y el contenido social de Millet.

Además de Carnavalada en Cimadevilla, es muy posible que otros cuadros de Valle permanezcan hoy en día en el Reino Unido, sin que se tenga noticia de ello, por el momento. Se sabe que el pintor regaló un lienzo a Konody y es probable que Tulio Bonafoux le adquiriese obra o fuese obsequiado con alguna, en recuerdo del mecenazgo de su padre, que Valle nunca había olvidado. Los Bonafoux poseían una propiedad en Normandía y ya en los años 50, Tulio Bonafoux escribiría a Valle que habían desaparecido todos los cuadros que su padre conservaba allí, al ser la casita arrasada por la soldadesca, sin que se pueda determinar si fue durante la Primera o la Segunda Guerra Mundial.

Además, la revista Country Life propuso que una de las obras de Valle fuese adquirida por la Tate Gallery y The Morning Post animó a hacer lo mismo al industrial Samuel Courtlaud, quien había establecido un fondo de adquisiciones para la National Gallery y la Tate Gallery. Pero la idea de esperar en Londres hasta que se resolviese este trámite, quizá un año más, desalentó al artista y, temeroso de su agorafobia, que siempre le amenazaba cuando pasaba periodos prolongados de tiempo en grandes ciudades, Valle volvió a Gijón en enero de 1925, sin culminar una operación que habría supuesto su ingreso en el que hoy es el museo de arte moderno más visitado del mundo.

Evaristo Valle, Carnavalada en Cimadevilla, c. 1920, repintado c. 1923.
Óleo sobre lienzo, 79,5 x 104 cm. Reino Unido, colección particular.